Columna de cristal perfecta... que sostiene a la poesía novohispana en sus primeras perlas orientales...
Columna de cristal, dorado techo,
dos soles y dos corales
que alumbran a las perlas orientales
a quien el mundo todo ha de dar pecho.
Atrás deja la nieve el blanco pecho
y más atrás el medio de mis males:
¡ay, pecho guarnecido en pedernales!,
¿por qué, pues sois mi bien, mal me habéis hecho?
La piedra cava el agua y la enternece,
y halla en vos la viva que yo vierto
tal alta propiedad, que os endurece.
Vos, pecho, estáis cerrado, el mío abierto,
en mí crece el amor y en vos descrece,
pues, pecho, ¿qué ganáis hiriendo a un muerto?
lunes, 5 de julio de 2010
lunes, 21 de junio de 2010
Salvador Díaz Mirón*** Canción medioeval
Se escucha la suavidad de la sinestesia modernista, aquella que susurra en decasílabos diazmironianos: ¡Oh tú la de crin rubia, luenga y rizada,
que caída en torrente barre las losas!
¡Oh tú la de crin rubia, luenga y rizada,
que caída en torrente barre las losas,
y que volando incita las mariposas,
porque así luce aspecto de llamarada!
Linajuda Regina que, por taimada,
finges al viejo duque modelo a esposas,
y de sus canas dices honestas cosas,
más dignas de la espuma de una cascada.
Ven y place al que tiene la voz dorada,
y perennes ortigas y eternas rosas,
y en el talón espuela y al cinto espada.
No ignores que los himnos hacen las diosas
¡Oh tú la de crin rubia, luenga y rizada,
que caída en torrente barre las losas!
que caída en torrente barre las losas!
¡Oh tú la de crin rubia, luenga y rizada,
que caída en torrente barre las losas,
y que volando incita las mariposas,
porque así luce aspecto de llamarada!
Linajuda Regina que, por taimada,
finges al viejo duque modelo a esposas,
y de sus canas dices honestas cosas,
más dignas de la espuma de una cascada.
Ven y place al que tiene la voz dorada,
y perennes ortigas y eternas rosas,
y en el talón espuela y al cinto espada.
No ignores que los himnos hacen las diosas
¡Oh tú la de crin rubia, luenga y rizada,
que caída en torrente barre las losas!
sábado, 1 de mayo de 2010
Celedonio Junco de la Vega+++ Canoro
Canoro: lo que menos me preocupa es que seas un soneto o no; cuando el poema es poesía, tan creativa... debo desear "que vibre/ya libre/tu acento[...]
Canoro:
te alejas
de rejas
de oro
y al coro
le dejas
las quejas
y el lloro.
Que vibre
ya libre
tu acento.
Las alas
son galas
del viento.
Canoro:
te alejas
de rejas
de oro
y al coro
le dejas
las quejas
y el lloro.
Que vibre
ya libre
tu acento.
Las alas
son galas
del viento.
miércoles, 28 de abril de 2010
Luis de Sandoval Zapata*** Demóstenes de luz
Barroco en esplendor que brilla, que es nada todo el aparato vano... soneto de quien tanto canto al tiempo y a la muerte.
Demóstenes de luz que mudo clama
que es nada todo el aparato vano,
¿qué desengaños no escribió su mano,
a qué peligros no alumbró su llama?
Más escarmientos que esplendor derrama
al tiempo de las tres Parcas humano,
probando que en su vuelo más ufano
borra a los muertos títulos y fama.
El aire que te enciende es quien te amaga
y, ventilado de un impulso, paces
vida y muerte en el aire que respiras.
El soplo que antes te encendió te apaga;
aquella diligencia con que naces
influye en el estrago con que expiras.
Demóstenes de luz que mudo clama
que es nada todo el aparato vano,
¿qué desengaños no escribió su mano,
a qué peligros no alumbró su llama?
Más escarmientos que esplendor derrama
al tiempo de las tres Parcas humano,
probando que en su vuelo más ufano
borra a los muertos títulos y fama.
El aire que te enciende es quien te amaga
y, ventilado de un impulso, paces
vida y muerte en el aire que respiras.
El soplo que antes te encendió te apaga;
aquella diligencia con que naces
influye en el estrago con que expiras.
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Luis de Sandoval Zapata
martes, 27 de abril de 2010
Alfonso Reyes***†9 de febrero de 1913
¿En qué rincón del tiempo nos aguardas? Cuando el soneto se vuelve narratividad y descripción simultaneamente, con el dominio formal y la perfección en un soneto, Alfonso Reyes está escribiendo a su padre.
¿En qué rincón del tiempo nos aguardas,
desde qué pliegue de la luz nos miras?
¿Adónde estás, varón de siete llagas,
sangre manando en la mitad del día?
Febrero de Caín y de metralla:
humean los cadáveres en pila.
Los estribos y riendas olvidadas
y, Cristo militar, te nos morías...
Desde entonces mi noche tiene voces,
huésped mi soledad, gusto mi llanto.
Y si seguí viviendo desde entonces
es porque en mí te llevo, en mí te salvo,
y me hago adelantar como a empellones,
en el afán de poseerte tanto.
¿En qué rincón del tiempo nos aguardas,
desde qué pliegue de la luz nos miras?
¿Adónde estás, varón de siete llagas,
sangre manando en la mitad del día?
Febrero de Caín y de metralla:
humean los cadáveres en pila.
Los estribos y riendas olvidadas
y, Cristo militar, te nos morías...
Desde entonces mi noche tiene voces,
huésped mi soledad, gusto mi llanto.
Y si seguí viviendo desde entonces
es porque en mí te llevo, en mí te salvo,
y me hago adelantar como a empellones,
en el afán de poseerte tanto.
lunes, 26 de abril de 2010
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